Turismo de Interior

Sierra de Gata o iniciación al turismo de Interior.

 

No van a encontrar en estas líneas la descripción habitual de una comarca o una ruta a realizar, al aceptar descubrirles esta Sierra en la que vivo, no he podido impedir que la veta más poética se adueñe de mi pluma, inspirada por 20 años de amoríos con este territorio extremeño; forjada en una interpretación de la naturaleza que se enmarca en lo que en AgendaViva llamamos: la Ecología profunda y por una práctica diaria de meditación y movimiento armonizado, como profesora de Qi Gong. Quisiera contarles la Sierra de Gata como un destino en el que perderse… para poder encontrarse. Invitar a recorrer sus lugares emblemáticos de la mano de un nuevo concepto del turismo, que desde el albergue Sálama nos gusta llamar Interior, el interior de uno mismo.

 

Creemos que esta Sierra puede abanderar, junto a otras sierras del Norte de Extremadura, en las que la belleza de la Naturaleza es todavía teofánica -es decir capaz de expresar el aspecto sagrado-, un tipo de itinerancia, en el que el paisaje sea el escenario donde se realiza otro tipo de viaje, donde viajar no es sólo un movimiento de un lugar a otro, sino también un movimiento de uno mismo a uno mismo. Una peregrinación que conduce al santuario del corazón. Un viaje que empieza en un lugar del alma, digamos que periférico, lleno de pensamientos incesantes, que necesita nombrar y categorizar cada fenómeno y que impide habitar realmente, vivencialmente, el territorio que se extiende ante nuestros pies; lo que nos hace deambular como fantasmas, en una mapa mental sin profundidad ni sentido vital. Pero gracias a una actitud de asombro ante la realeza de la naturaleza, y una concentración intencionada en el andar o en la respiración, por poner un ejemplo, se va viajando con cada paso hacia un lugar más interior dentro de nosotros mismo: No hay ni un paso antes ni otro después, no hay un final del viaje, el camino es el andar concentrado, lo que propicia un tipo de silencio que nos va centrando, sosegando, relajando, armonizando e interiorizando, nos trae la paz y nos lleva a nosotros mismos. Y en ese lugar más cercano al corazón surgen otro tipo de paisajes: esta vez interiores, que se expresan en forma de una conciencia ampliada que se proyecta en una mirada nueva que ilumina los caminos, las sendas de esta Sierra antigua, poblada de fauna, flora, paisaje, y pueblos llenos de historia.

 

Este tipo de viaje interior que utiliza técnicas sencillas como concentrar la atención en el cuerpo, unificándolo con la mente a través de la respiración, se puede producir privilegiadamente en lugares como éste, donde la belleza nos asombra los ojos, y nos despierta del sueño cotidiano ante una expresión contundente de naturaleza privilegiada. Como cuando las aves que decoran en abundancia estos cielos dibujan signos en el aire, llenos de significados, que hablan de ligereza, de levedad, de esas alturas que dan perspectiva a la vida; o cuando las grullas ronroneando en el aire al atardecer buscan las dormideras en el pantano del Borbollón y dibujan estelas en las nubes; o las abubillas encienden el aire con sus ágiles y aflamencados cortejos, o las águilas reales surcan el cielo como reinas majestuosas y suspenden nuestro aliento o cuando la curruca capirotada, el carbonero garrapino, el trepador azul o el mirlo aparecen en los bosques como signos visibles de un lenguaje natural que habla de infinitud manifestada.

 

O como cuando la privilegiada flora que tilila como estrellas de colores imposibles en las dulces laderas de estas tierras nos recuerdan el origen del que provenimos, una belleza que es el esplendor de una Verdad que se manifiesta en infinita formas; y los blancos de la aulaga, los amarillos de la escoba, los rosáceos infinitos de los brezos van coloreando como pintores avezados las laderas del Teso Porras, del Jálama o la Bolla. O cuando las jaras abren sus lienzos a la par, inundando los campos con sus soles en miniatura. O cuando las orquídeas nos deleitan con su variedad exquisita y sofisticada, única en estas tierras extremeñas. Cuando las riveras de los múltiples ríos que producen piscinas para el regozijo del verano, nos sumergen en la frescura de un elemento esencial para la vida,  que es abundante y generoso en estos lares y nos sumergimos en las memorias del agua que vehícula la información de todos los océanos del planeta, el mismo agua desde los inicios del tiempo.

 

Un viaje que alcanza sus cimas en la cumbre del Jálama que nos eleva y nos permite colocar nuestra humilde pequeñez en la vastedad de un horizonte que se pierde sin fronteras. Un viaje que alcanza profundidad ante la contemplación de la cascada de la Cervigona, en Acebo, un lugar en el que palpita el corazón de la madre tierra y cuya virginidad mantiene aún el diálogo elocuente de una mancha de bosque autóctono, donde se refugian especies amenazadas por la codicia de recursos del hombre moderno. Un viaje donde se aprende a relajar la mirada y enfocar sin fijarse en nada, percibiendo lo que hay en primer plano y en segundo plano, pues cuanto más suave sea la percepción, tanto más abarcará. Se convertirá  en mirar, escuchar y percibir. Se producirá  una relajación progresiva que nos permitirá pasear por los generosos bosques de castaños que en la otoñada emulan a Klimt y tiñen de oro la atmósfera sosegada, silenciándonos y abriéndonos a esos otros paisajes que se despliegan en el territorio del alma.

 

Viajar recuperando la memoria rural olvidada en Trevejo, con su alta soledad que mira hacia el atlántico, o en las floridas calles de Gata y las señoriales de Hoyos, o acunar el oído mientras se sube al calvario con los ingenios árabes de las acequias, en Acebo, o detenerse en la umbría de las bellas ermitas que jalonan la Sierra. Los escenarios de Sierra de Gata son innumerables, pero la obra de teatro que les proponemos representar en cada espacio es la misma: el espectador se hace uno con lo que observa: su andar, su respiración y con el libro abierto de la naturaleza que escribe a cada instante los versos más poéticos y bellos que se hayan escrito nunca en este universo. Bienvenidos.

 

Beatriz Calvo Villoria. Albergue Sálama

 

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Comentarios: 2
  • #1

    Daniel De Feo (domingo, 22 diciembre 2013 00:01)

    Pura poesía, con el corazón en la punta de la pluma, y el alma en la tinta.
    Puro amor a la tierra, puro reconocimiento a cada reino de la naturaleza.
    Pura religiosidad, en la mística de lo tangible.
    Gracias por compartir tu mirada, tus sentimientos y tanto más.

  • #2

    Beatriz (viernes, 03 enero 2014 18:59)

    Querido Daniel:

    Muchas gracias por tu hermoso comentario, da alegría cuando las palabras son recibidas con tanta receptividad.

 

«...Un Dios habita en nosotros 

y cuando se agita, ardemos»

 

Ovidio